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No me cuentes tu vida

A todas las dudas y vacilaciones a las que se enfrenta el escritor en ciernes —recelos sobre su propia capacidad, temor al fracaso, etc.— habría que añadir un aspecto crucial: acerca de qué escribo. Y en la mayoría de ocasiones al plantearse ejercicios en los talleres de escritura, una gran parte de los alumnos se inclinan por textos con un alto componente autobiográfico.

La media naranja del escritor

A través de los libros, escritores y lectores llevan mirándose de reojo desde siempre. Al escritor consagrado y preferido, el lector le dedica una mirada devota, ilusionada ante la nueva entrega. Una mirada que también es recelosa, por si el resultado de la lectura no está a la altura de sus expectativas. Al autor recién descubierto le regala una mirada deslumbrada y llena de excitación. ¿Dónde demonios te habías escondido todo este tiempo? Y al escritor nobel le pondrá ojos de curiosidad, lo bastante indulgentes para darle el beneficio de la duda y cincuenta páginas y hasta otra novela de margen, pero con la guadaña lista para caer en cualquier momento sobre él.

Técnica y talento

Se suele decir que los escritores se valen de la intuición y del talento para escribir. Que quien recurre a recursos técnicos carece de ese sexto sentido que todo escritor ha de tener […]. Como si se pudiera crear algo partiendo de la nada, como si teoría y práctica no nacieran del mismo manantial y corrieran a la par por los campos literarios.

La Institución Libre de Enseñanza y el poder del grupo

“Transformad esas antiguas aulas; suprimid el estrado y la cátedra del maestro, barrera de hielo que lo aísla y hace imposible toda intimidad con el discípulo […]. Romped esas enormes masas de alumnos, por necesidad constreñida a oír pasivamente una lección […]. Sustituid en torno al profesor a todos esos elementos clásicos, por un círculo poco numeroso de escolares activos, que piensan, que hablan, que discuten, que se mueven, que están vivos en suma […].”

Las señales invisibles

Siento que este mundo en el que vivimos está lleno de señales invisibles. Las visualizo como pequeños nudos que palpitan ahí debajo (o detrás) y sujetan la estructura de nuestras vidas, que es como una especie de enorme telaraña que no vemos pero sobre la que trascurre nuestra estancia aquí. Unas veces las secuencias que vivimos se suceden del tirón, sin trabas ni obstáculos, pero otras se detienen justo en aquellos momentos en los que nos sentimos en una encrucijada. Hay tantas dudas…

¿Se puede aprender a escribir?

El talento, admitámoslo, es a veces un ente pretencioso y altivo. […] Casi todos tenemos algún talento más o menos desarrollado que nos hace particularmente indicados para realizar alguna actividad. El peligro radica en que, una vez identificada esa habilidad natural, confiemos a su suerte nuestro destino, olvidando que esos dones naturales necesitan un entrenamiento, un aprendizaje que los module y los encauce para poder llegar a hacerlos brillar algún día. Porque el talento sin trabajo y disciplina no suele llegar muy lejos en ninguna especialidad. Y la escritura no es una excepción.

Jugar con la técnica literaria

Hay quien piensa que el manejo consciente de las técnicas narrativas ahoga la inspiración. Y es cierto que mientras uno escribe más vale que no ande pensando en el punto de vista del narrador o en las coordenadas espaciales del personaje. […] Ahora bien, no hay nada como la técnica para que un escritor en ciernes supere el bloqueo y se inicie en el campo abierto —demasiado abierto, al principio— de la literatura.

La revolución del ‘Storytelling’

A las empresas también les gustan las historias. Sí, como lo oís. Se acabó hablar de stakeholders, y de dividendos, y de inversión tecnológica, y de benchmarking y de otras palabrejas económico-financieras. Todos esos conceptos han empezado a quedar pasados de moda por su probada capacidad para despertar la indiferencia entre sus destinatarios. Las empresas parecen haberse aburrido de su propio discurso y renegar de ese género literario que han practicado hasta la saciedad.