Cuando el autor se toma su historia a cachondeo, se burla de los personajes y los maltrata narrativamente hablando (o sea, no les es fiel como autor), aunque el lector se sonría en determinados momentos, le es imposible entrar en la historia. Para romper el sueño de la ficción y poder parodiarlo, primero hay que crearlo. Es decir, hay que ser fiel a ciertas reglas de la narratividad para poder romper otras. Si nos fijamos en ciertas obras paródicas, como por ejemplo algunas de Italo Calvino (me estoy acordando de Si una noche de invierno un viajero…) o de Roberto Bolaño (también muy dado a este tipo de juegos), se cuidan mucho de introducir al lector en la historia antes de romperle los esquemas.

Los personajes, por más que tiendan a la caricatura, están cuidadosamente retratados, los diálogos cumplen con su doble función de mostrarnos a los personajes y hacer avanzar la historia y la línea de acción nos hace mantener el interés. Si se rompe con todo y se frivoliza el propio hecho de narrar, se arruina de antemano toda complicidad con el lector.

Isabel Cañelles

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