Escribo al hilo de sendos artículos de dos compañeros virtuales que tratan sobre la manera en que muchos escritores, en este caso, independientes afrontamos las críticas.

Si alguien, de entre tantos buenos libros existentes en la historia de la literatura, decide leerme, sólo puedo agradecérselo. Si además ese lector se toma la molestia de hacerme llegar su opinión con ánimo constructivo, siento que estoy ante una persona a la que debería besar los pies e invitar a un par de cervezas. No entro en si esa valoración es positiva o negativa, si más desarrollada o no: creo que para un escritor independiente encontrarse con este tipo de lectores es como hallar un precioso tesoro.

De los comentarios que pueden hacernos llegar nuestros amados lectores, un buen puñado podrían englobarse en las siguientes frases:

1) Tu libro (o relato) me ha gustado mucho.

2) Tu libro (o relato) no me ha gustado nada.

3) Tu libro (o relato) es lo mejor que he leído nunca.

4) Tu libro (o relato) es lo peor que he leído nunca.

Las dos primeras sirven para conocer un poco más del gusto de nuestro interlocutor y pueden dar pie a una verdadera crítica, profunda y útil para nosotros si estamos interesados.

Parece evidente, pero en este bonito mundillo a veces me encuentro con escritores que en lugar de críticas sinceras buscan fans que alaben su obra, que eleven su ego y refuercen su propia idea de que son grandes escritores incomprendidos e injustamente maltratados por los editores. Sólo tienen en cuenta las frases del tipo «Tu libro (o relato) me ha gustado mucho», y ni siquiera les interesa saber el por qué. La mayoría consideran los comentarios negativos como un ataque personal fruto de la envidia y, por supuesto, tampoco desean entablar una conversación que les lleve a descubrir quién se lo dice y las causas por las que el “envidioso” no disfrutó con su “best-seller”.

Cuando alguien se limita a decirnos que nuestra historia le ha gustado más o menos, normalmente o intenta salir del paso o no tiene (o no cree tener) las herramientas suficientes para valorar nuestra obra. De poco nos sirve que nos digan algo así si no profundizamos más. Así que insisto: ese «me ha gustado mucho» o «no me ha gustado nada» deberíamos tomarlo como el arranque de una enriquecedora conversación sobre nuestro trabajo. Otra cosa es que nuestro interlocutor salga por patas y corra más que nosotros.

Los comentarios que pueden incluirse en («Tu libro (o relato) es lo mejor que he leído nunca») nos permite conocer bastante del vagaje lector de quien nos la dice y nos conduce, en la mayoría de los casos, a NO tener en cuenta una posterior crítica.

Descartaría a aquellos lectores que llegan a decir eso de «Tu libro (o relato) es lo mejor que he leído nunca», aunque se haga desde la más profunda sinceridad, simplemente porque debemos de ser conscientes de que hay muchísimas obras en la literatura universal que superan con creces cualquier cosa que podamos escribir en toda nuestra vida. Quien dice esa frase es de suponer que ha leído poco y no muy buenos libros, así que no nos ayudará demasiado a ser mejores escritores por muy bien que este tipo de comentarios nos hagan sentir.

Para finalizar, yo siempre me he tomado muy en serio eso de: «Tu libro (o relato) es lo peor que he leído nunca». Es posible que quien nos lo diga no haya leído demasiado y nuestra obra le venga grande, pero aun nunca estás de más un buen golpe en los morros que nos haga replantearnos nuestra escritura.

Si por el contrario ese lector que nos lanza esa terrible bomba ha leído mucho, entonces todavía hay que tomarnos mucho más en serio sus palabras y deberíamos escucharle con total atención.

Concluyendo, las críticas siempre son muy valiosas y son de agradecer, pero deberíamos de estudiar bien de quien provienen. Puede ocurrir que nos encontremos con lectores que no sean capaces de evaluar objetivamente nuestro trabajo por el mero hecho de ser familiares o amigos. Sin embargo, ellos también pueden darnos toques de atención sobre ciertos elementos que les «gustaron un poquito menos» y que yo siempre he interpretado como «no me gustaron absolutamente nada». El resto de sus comentarios, por desgracia, suelen ser una demostración de empatía y amor.

Sobre todo debemos entablar, si nos es posible, un diálogo posterior y profundo, que nos sirva para conocer más y mejor los motivos que han llegado a ese lector a valorar nuestra obra de una manera u otra. De nuestra madurez como personas y de los objetivos que nos hayamos impuesto como escritores dependerá que las tengamos más en cuenta o no.

Toni Cifuentes

Colaborador de RELEE