Desde que era joven, supongo que por mis prejuicios izquierdistas, me ha gustado más la literatura latinoamericana y la europea (sobre todo la rusa) que la norteamericana, aunque reconozco que empecé a flaquear en esos principios tras leer a Auster o los Roth (Philip, y sobre todo Henry). Ahora bien, cuando se trata de novela negra, siempre preferí a Chandler, Hammet, o la Highsmith. Me atrae esa visión tan sórdida de los personajes, y a la vez tan profunda. Y me fascinan las películas de cine negro clásico como “El sueño eterno” (Hawks) o “El halcón maltés” (Huston), adaptaciones de Chandler y Hammet respectivamente. Por no hablar de la ya comentada en este blog, “El amigo americano” de la Highsmith, dirigida por Wenders.

Por eso, cuando descubrí hace unos años que existía un tal James Ellroy, que escribía novela negra con tanta o más sordidez y profundidad que los clásicos, me lancé a devorar sus libros, que me suelen acompañar en las largas travesías al otro lado del Atlántico.

Es meterme en un avión, y engancharme a ese estilo duro, sin concesiones, que traza al personaje o la escena en una sola frase, corta y demoledora. Ellroy recuerda el cine de Scorsese, pero lo que me cuesta seguir en la pantalla, me resulta delicioso en la literatura. Seguramente porque puedo ralentizar el ritmo de lectura, lo que no puedo hacer con las imágenes de Scorsese, aunque reconozco que me rindo antes sus obras maestras, “Taxi Driver”, o “Uno de los nuestros”.

L.A. Confidential (1990) es la tercera entrega del cuarteto de Los Ángeles, que completan La dalia negra, El gran desierto y Jazz blanco. Primeros años 50 en Los Ángeles, policías duros, corruptos o ambiciosos, sumergidos en un mundo de droga, prostitución, intrigas políticas, crimen y venganza. Personajes de todos los tonos del gris, como la vida misma, bien definidos, con numerosas aristas y conflictos, y una trama envolvente que se va espesando hasta el climax final, en el que estalla todo.

La película (1997) es trepidante, la única sobresaliente de un irregular Curtis Hanson (“La mano que mece la cuna”, “Jóvenes prodigiosos”, y poco más), que aquí acertó plenamente adaptando con gran soltura técnica esta excelente novela. Sin un buen guión no hay buena peli, pero el guión no es condición suficiente, y en este caso Hanson aprobó con nota, evitando meterse en terrenos demasiado espinosos.

Actores de primera, destacando el brutal Bud (Russell Crowe), a punto de estallar en cada escena: el ambicioso y corrupto Jack (Kevin Spacey), que conoce a la perfección los recovecos de la política y el poder: y el formal y trepa Ed (Guy Pearce), la cara amable de una policía que tiene que fajarse con el crimen, las drogas y la corrupción. Completa el reparto una inquietante Kim Bassinger, una de sus pocas aceptables interpretaciones.

Una magnífica puesta en escena y una buena fotografía de Dante Spinotti, completan una atmósfera axfisiante y opresiva, que no te deja descansar ni un minuto. Una de las mejores películas de cine negro desde El Padrino y Chinatown en los 70. Desde entonces, a su nivel creo que solo están Muerte entre las flores de los Cohen, y la citada Uno de los nuestros de Scorsese.

La película se estrenó el año de Titanic, y solo se llevó dos Oscar, así es Hollywood. Con permiso de Leo, Kate y sus 11 Oscars, me quedo con L.A. Confidential.

 

Mariano Baratech

Sociólogo y colaborador de RELEE