Los diálogos en que se habla de forma explícita de la trama del relato se hacen (paradójicamente y por muy verdadero que sea lo que en ellos se dice) inverosímiles, como en las telenovelas cuando el galán dice «Oh, Rosita, te amo con pasión». En la ficción, conviene que los personajes oculten aquello de lo que realmente están hablando, digan lo contrario de lo que piensan o mientan como bellacos. Es decir, que el lector pueda interpretar, por debajo de lo que están diciendo, lo que de verdad quieren decir. Si se expone de forma explícita, se le arrebata la tarea interpretativa al lector.

Así pues, y al contrario de lo que cabe suponer, que un diálogo sea significativo no quiere decir que en él los personajes saquen a la luz explícitamente sus conflictos (al fin y al cabo, si los conflictos fuesen fácilmente expresables y debatibles, lo más probable es que dejasen de ser conflictos), sino que los denoten.

Isabel Cañelles

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