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Ochomiles, mujer en lo alto de un pico

Ochomiles

Autora :  María José Beltrán

 

 o Las utilidades de las casas (Caballo de Troya), de Isabel Cobo

 

                                                  Mis abuelos tenían dos casas, una para el día y otra para la noche.

 

Al inicio de esta novela lírica narrada en primera persona echaba de menos más epifanías e imágenes más potentes. Me pareció que le faltaba intensidad. Quizás porque acababa de leer una historia burbujeante, y Utilidades de las casas merece reposo. Me cerré, lo confieso.

Claro que estaba muy bien escrita y cuidada y que tenía hallazgos, como el rito de la jarra que las primas salen a llenar con agua de la fuente cada noche –y que depositan sobre una mesa de comedor cuya única misión es custodiar esa jarra-, y de la que nadie bebe nunca; o como el de la palmera altísima que sigue surcando el aire cuando ya no está, aunque ya no esté, de un lirismo cautivador.

En uno de los capítulos, un cuento infantil surgió la genialidad y me replantee e conjunto del libro

Uno de los capítulos –el más largo con diferencia; el resto son muy cortos- es un cuento. Un cuento infantil que la abuela les contaba a sus nietas. El cuento es la genialidad y lo que me hizo replantearme el conjunto del libro, volver atrás y leerlo otra vez. Vi que estaba pasando algo extraordinario. Vi que estaba pasando la LITERATURA. Rayanatví, la niña protagonista del cuento, cose para que su pueblo quede atado y no lo arrase una tormenta terrible. Da puntadas con ese fin. Todo quedaba entretejido como una gran tela invisible. ¡Pero si eso mismo lo está haciendo la narradora de un capítulo al otro: dar puntadas! Ensarta. Preserva. Hay una palabra clave en el último-párrafo-o-frase de un capítulo, que está también en el título-o-frase-o-párrafo-o-idea-inicial del siguiente. (Salvo algunas excepciones. Es imposible coserlo absolutamente todo y en el arte, en mi opinión, está de más.) Igual que Rayanatví, ella hila. La narradora de la novela punteaba los hitos de su i.n.f.a.n.c.i.a…a.d.o.l.e.s.c.e.n.c.i.a, como los gemelos prismáticos del abuelo o el olor algo aflautado del hinojo, para que quedasen a salvo para siempre en este libro joya, mientras que Rayanatví, a su manera simbólica, conectaba entre sí a personas y a sus manías, a un pájaro con su nido, un retrato con su rostro y ese rostro con un pensamiento suyo.

 

Los hermanos de Rayanatví no consiguen derrotar al Señor de las Tormentas ni regresan de la montaña del cuento –un posible ochomil-, donde combatieron contra él. Se me ocurre que no hay que pelear sino tejer. Tejer como símbolo. Ese mensaje también está en el cuento, que tiene entidad propia. Y es ese cuento lo que convierte a la novela en el ochomil literario cuya cima toda escritora quisiera alcanzar. Al menos la escritora que yo soy.

¡Qué maravilla, un cuento dentro de una novela!

¿Por qué un texto dentro de otro?

Por la literatura.

¡Qué maravilla, un cuento dentro de una novela!

¿Por qué un texto dentro de otro?

Por la literatura.

Para estructurar una novela. Pero no se nos dice. Lo descubre el lector. A una novela sin trama, como Utilidades de las casas, la tiene que armar la estructura.

Un autor corre riesgos –de que no entiendan su novela, de que no la lean, de que empiecen a leerla y no la terminen, de que guste a algún editor y este no pueda defenderla (por tanto, no la publicará)-; un autor corre riesgos máximos cuando su novela no tiene trama: la novela puede ‘volar’ y desaparecer como el anciano, la panadera, el pastor y los tres niños dentro de las cunas, vecinos de Rayanatví en la aldea de los vientos, por eso el autor necesita ‘sujetarla’. Es cuestión de supervivencia.

Un autor corre riesgos máximos cuando su novela no tiene trama: la novela puede ‘volar’ y desaparecer, por eso el auto necesita sujetarla.

La música también arma esta novela. Isabel Cobo se encarga de mostrárnoslo: al principio/al final/en los tres movimientos, que son las tres partes en que decide dividir la novela. Y está ahí desde la primera página: referido a la distancia entre las dos casas: En lenguaje musical se podría decir que las separaba una octava completa. O quizá dos porque la pendiente era considerable. Y también con frases tipo estribillo. Me parece un gran acierto.

 

Costuras que se ven. Costuras que no se ven.

 

Mis abuelos tenían dos casas, una para el día y otra solo para la noche. La casa para el día era la casa de abajo.

 

Esta no es una literatura burbujeante, ni necesita serlo. Me alegra mucho haber leído Utilidades de las casas. Es una novela que admite relecturas, de la que se aprende y que deja poso. La LITERATURA era eso. La literatura es.

 

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2 comentarios en “Ochomiles”

  1. Muy interesante el análisis de esta novela, que me es desconocida, y que apetece leer. Gracias Mª José.

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    • ¡Qué bien Rocío! Me alegra mucho. Gracias a ti.

      Responder

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