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La técnica de Lovecraft

H. P. Lovecraft nació en Providence en 1890 y es uno de los autores que más ha influido en la madurez del terror moderno. Admiraba a autores como Poe, Dusany o Blackwood, pero se consideraba a sí mismo un insignificante aficionado. Sin embargo, reflexionó en profundidad sobre el miedo y realizó un estudio en que analiza la evolución del género desmenuzando la obra de diversos autores. En este ensayo, titulado «El horror sobrenatural en la literatura», en su parte final Lovecraft expone la manera en que se enfrentaba a la escritura de una historia.

H. P. Lovecraft nació en Providence en 1890 y es uno de los autores que más ha influido en la madurez del terror moderno. Admiraba a autores como Poe, Dusany o Blackwood, pero se consideraba a sí mismo un insignificante aficionado. Sin embargo, reflexionó en profundidad sobre el miedo y realizó un estudio en que analiza la evolución del género desmenuzando la obra de diversos autores. En este ensayo, titulado «El horror sobrenatural en la literatura», en su parte final Lovecraft expone la manera en que se enfrentaba a la escritura de una historia.

¿Cuál era el método de Lovecraft? Éste se dividía en una serie de puntos.

1) Primer boceto

Lovecraft dejaba volar su imaginación y conforme a una idea de partida (que podía surgir, por ejemplo, de la contemplación de un paisaje o de una emoción) escribía una serie de incidentes, imágenes y escenas sin importar el orden dentro de la narración. En este primer punto de su método, realizaba descripciones detalladas y comentarios que pudieran ayudarle después a componer la historia.

2) Segundo boceto partiendo del primero

En esta parte Lovecraft seleccionaba el material resultante del punto 1 y lo ordenaba con intención de crear un efecto dramático ascendente. No le importaba que se hubiera alterado o modificado por completo la idea de partida y, si surgían, añadía nuevos acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente siguiendo el orden del punto 2

Lovecraft comenzaba a escribir dejándose llevar, «sin ser demasiado crítico», pero ateniéndose, en un principio, al orden narrativo resultante en el punto 2. Sin embargo, si el desarrollo del argumento le llevaba a encontrar nuevos cauces y mejores «efectos dramáticos», no dudaba en acogerse a ellos. Esto le obligaba, una vez más, a cambiar la narración y a readaptar el esbozo del punto 2.

4) Primera lectura crítica y corrección

Una vez terminada esa escritura casi automática descrita en el punto 3, probaba con diferentes finales y principios, comprobaba que las partes estuvieran bien ensambladas y realizaba una primera corrección, eliminando incluso capítulos completos de ser necesario. (Para Lovecraft este punto se encontraba dentro del punto 3.)

5) Segunda revisión

Esta relectura para Lovecraft era la más importante. El vocabulario, la extensión y construcción de las frases, la secuencia de las diferentes acciones y escenas, entre otros elementos, eran analizados de forma profunda en beneficio de la atmósfera y el interés dramático. Comprobaba también el efecto del comienzo y del final finalmente escogidos en el punto 4.

6) Pasar a limpio el trabajo

Hoy día, en que la mayor parte de nosotros escribimos en el ordenador, esta parte nos parece prescindible. Sin embargo, para Lovecraft escribir a máquina el manuscrito suponía una nueva oportunidad de revisar su relato y realizar cambios finales. Nosotros podríamos considerarla una tercera revisión.

Por lo tanto, Lovecraft realizaba una tormenta de ideas con la intención de obtener material para un planteamiento de partida, organizaba con lo acumulado una escaleta que podía ser modificada varias veces e incluso modificar o alterar completamente el planteamiento inicial, escribía un primer borrador, un segundo y, finalmente, realizaba una corrección final.

Lovecraft dejaba que el relato tomara forma poco a poco beneficiándose de su fecunda imaginación y del desarrollo natural en el proceso de escritura. No le importaba modificar por completo su historia si había surgido algo nuevo que consideraba mejor que lo anterior.

Como dice el refrán: “Cada maestrillo tiene su librillo” y el método de Lovecraft es uno más que puede servirnos (o no) para escribir y sacar el mayor provecho a nuestras propias historias y, por supuesto, a nuestro tiempo.

Toni Cifuentes

Colaborador de RELEE

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