A veces queremos aplicar la razón a toda costa al proceso creativo, que en buena parte es irracional, lo que vendría a ser como querer meter el mar dentro de un dedal. Una vez que tengamos más o menos claro lo que vamos a contar, hay que trabajar la inmersión en la historia y en los personajes, pues ellos serán los que nos marquen la ruta, proponiéndonos posiblemente caminos imprevistos que nos harán ahondar en la temática de una forma nueva.

Entonces, no se trata de planificar concienzudamente, aunque sí lo suficiente para que mientras escribimos no tengamos que estar reprimiéndonos. Especialmente si tenemos un carácter controlador, conviene dedicar un tiempo a la planificación, porque así podemos relajarnos luego, mientras escribimos, sin atar tan corto a nuestros personajes.

A veces creemos que escribimos de forma libre e improvisada cuando lo que estamos haciendo es justo dejarnos arrastrar por nuestras tendencias controladoras. La planificación previa cumpliría, en esos casos, el papel de permitir ahí a nuestra parte controladora que se explaye, para luego, cuando escribamos, poder dejarla a un lado.

Isabel Cañelles

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