LA GENISTA

Presentación de Lo llamaré frontera en Xert (11/08/2018)

Escribir es siempre una traición.
ELOY TIZÓN, Zoótropo

 

          Mi pueblo se llama Xert. Crecí en Xert. Aprendí a caminar y a hablar en Xert. Leí y escribí por primera vez en Xert. También amé y tenía diez años. A la manera primaria y contenida –aunque palpitante- en que aquella niñita podía querer a esa edad. Para mí es muy fácil de recrear, por mucho que tenga 57 años y haya pasado tanto tiempo. Sentí que era el día más feliz de mi vida y lo anoté en una libreta de anillas menuda: acorde con mi tamaño infantil; en clave, para no ser descubierta. El caso es que conservo esa libreta. En otra ocasión, un chico muy guapo –el más guapo; siempre era el mismo- picó para mí, en unos lavaderos públicos, un corazón grande y redondo, con nuestros nombres dentro.

 

          En la mesa me acompañaron Kike Parra, autor de Relee*, y Josep Meseguer-Carbo, de la asociación cultural Font de L’Albi de Xert (ACFA). La primera parte de mi charla consistió en agradecer: a mi madre que está, a mi padre que sin estar está, al ayuntamiento, a ACFA, a la regidora Susana, a mi amiga Eugenia, a mis hijos, sobrinos y hermano, al grupo musical Veus de Xert, a Blanca, a aquellos familiares que iban a leer o a dramatizar fragmentos de relatos en cuanto yo acabase mi intervención; a Juan Jesús, que se había encargado del sonido. Porque me sentí muy, muy acompañada. Tan arropada.

           MOLTES, MOLTES GRÀCIES a tots.

          En la segunda parte de la charla, quise hablar de cómo había comenzado a escribir, de cómo se había ido creando el libro y hacer algo que para mí era muy importante: honrar a mi pueblo y a Eloy Tizón. El lenguaje fue coloquial, no leí nada, llevaba algún apunte en una libreta pequeña con el icono de la estatua de la Libertad. Me gustan las charlas con un toque informal, de tú a tú. Pero sabía qué quería decir y cómo hilar los temas. He reconstruido el fragmento siguiente a partir de un audio. Al final de la entrada hay un enlace a youtube, publicado por mi amigo Sergio, donde se puede ver y escuchar el vídeo. Y así es como lo he traducido del valenciano: la versión original:

 

      “Mucha gente me pregunta y se extraña y es normal, que cómo es que yo he escrito este libro, porque yo tengo una formación científica. Sabéis seguramente la mayoría que soy profesora de Matemáticas y ahora pues a los 57 años que tengo, pues os preguntáis cómo es que he escrito un libro a estas alturas, casi a punto de jubilarme, ¿no? Y, bueno, comencé a escribir en el año 2005. ¿Y qué pasó en el año 2005? Pues pasó que me separé de Paco, del que era mi marido y me quedé sola en julio en Madrid. Por primera vez en mi vida me quedé sola y no sabía muy bien qué hacer y lo comenté con un grupo de compañeros del instituto, y hubo uno que me dijo: “ay, a ti que te gusta escribir, ¿por qué no te matriculas en un taller de escritura creativa?”. Y yo me quedé así un poco parada, porque a mí, en realidad, no me gustaba escribir; él se basaba en que yo había escrito un par de redacciones para la revista del instituto –que en el instituto teníamos una revista y colaborábamos algunos profesores y algunos alumnos- y yo había escrito una redacción que era “Viaje a Roma”: habíamos ido un grupo de profesores a Roma y escribí sobre algunos lugares que habíamos visitado, los lugares típicos donde van los turistas, que si el Coliseo, las Catacumbas, etcétera, y otro año escribí sobre un matemático, que era un genio de las matemáticas, que se llamaba Evaristo Galois, y él creía que a mí me gustaba escribir, y me lo puso muy fácil, y me trajo los talleres que se impartían en una escuela de escritura de Madrid, y escogí uno, y no me desagradó. De hecho, en octubre, me matriculé en un taller que duraba todo el año; es decir, de octubre a junio. Y ahí, como dice la cantante Alaska en un anuncio de la tele, que a lo mejor habéis visto porque lo ponen a menudo, allí conocí a gente interesante y creativa, que formó parte de mi mundo y, de hecho, a la profesora y a algunas de esas personas las sigo viendo y tengo contacto con ellas hoy día. Comencé a escribir de manera regular, pero sin ningún tipo de pretensión, por supuesto no pensaba que iba a publicar nunca, pero desde luego que me lo tomé muy en serio. Las cosas cambiaron en el 2014 -y recuerdo muy bien la fecha-, cuando conocí a Eloy Tizón, y él me ayudó a sacar mi voz y mi estilo literario, y a tener confianza en mí misma como narradora. Los relatos que forman parte del libro, de “Lo llamaré frontera”, los escribí en sus talleres de escritura y él es editor de la editorial RELEE*; él y dos personas más, que se llaman: Mariano Baratech e Isabel Cañelles, que es la directora, y conseguí que me publicaran el libro. Y, bueno, Eloy no ha podido estar hoy aquí, pero me ha dicho que puedo decir que está muy contento de compartir la aventura literaria que comenzó en el año 2014 conmigo y que además de ser mi editor es también mi amigo. Y, bueno, este es un resumen de cómo he llegado yo a publicar este libro.
         Esta es una de las cosas que os quería comentar. La otra es la visión que yo tengo de la literatura. Yo pienso que la literatura es un intercambio entre el autor y el lector. El lector cuando lee una frase de un libro y la interpreta, le da vida: es como si –de alguna manera- le hiciera una transfusión de sangre. Voy a poneros un ejemplo. Hay una escritora norteamericana que se llama Djuna Barnes y ella escribió una frase. La frase es: “Todos caemos en la batalla, pero todos volvemos a casa”. La manera que yo tengo de interpretarla; hay muchas maneras de interpretarla –vosotros podéis pensar en esta frase y podéis pensar qué significa para vosotros, ¿no?-. Yo pienso que en la vida todos pasamos por experiencias negativas. Así es como interpreto “todos caemos en la batalla”. Pero, por suerte, todos pasamos por experiencias positivas, que es cómo yo interpreto “todos volvemos a casa”. Yo os quiero hablar de dos experiencias que para mí son positivas. Una es la escritura, que yo no busqué, que como os he explicado antes, la escritura, de alguna manera vino a mí, y es CASA, y la otra es haberme reencontrado con mi pueblo. Sabéis que durante mucho tiempo no he venido al pueblo, porque he vivido en otro país, o he venido poco, porque he vivido lejos, o por diferentes circunstancias. Ahora, hace un tiempo ya, estoy viniendo más y para mí está siendo una experiencia muy positiva, estoy muy a gusto, disfruto, me voy a pasear, digamos por “los Clots de Simó” y lo paso muy bien; he percibido el afecto de la gente del pueblo y estoy muy contenta de poderlo compartir con vosotros, me da mucha alegría. Para mí, eso, también es CASA (aplausos; no se oye lo que digo, intento conectar de nuevo con la cita de Djuna Barnes). Muchas gracias por estar aquí acompañándome. Gracias, de verdad”.

 

      Tras los aplausos, el grupo musical Veus de Xert interpretó la canción “Ciudad Berlín” de la cantante Rozalen.

 

          Yo no sabía que era escritora. No lo he sabido hasta hace poco. Supongo que ya lo era cuando vivía en Xert. En potencia, al menos. Se estaba ya gestando la escritora. En mis tripas se debía de revolver un proyecto de gusanillo de seda. Pero yo lo ignoraba. ¿Cuándo se empieza a ser escritora? ¿Cuándo se es? ¿Qué tiene que pasar(te)? ¿Qué hace click y provoca la metamorfosis, ese batir desesperado de alas?

          Cuanto más mayor me hago, más cercana me siento a mi pueblo. A los campos y montes de Xert. La genista. Ahí está mi padre. Y mis antepasados. Todos. Todas. En los olivos y en la tierra. En el fango y el polvo. En el aire; el viento que ruge. En el agua que nace. Que mana y arrastra y lleva. Y una revelación: que es este deseo maduro. De empaparnos, enlodarnos. Tú y yo respirarnos.

 

*RELEE: Red Libre – Escritura y Edición

María José Beltrán