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los cristales que forma el hielo sobre una laguna congelada en una puesta de sol , maravillas de la tierra

Cristales, agua o maravillas

Autora: Mercedes Adán

Cuando tenía nueve años, un día cualquiera buscaba a mi madre por la casa y abrí la puerta del baño. Allí estaba ella, sentada en el borde de la bañera, con los guantes de fregar color rosa, el Vim Clorex en una mano y un estropajo en la otra, llorando de frustración. No me he olvidado de esa imagen. Era una lectora voraz. Si paraba un momento, la recuerdo con un libro entre las manos. Mi abuelo, según ella contaba, pagaba a los hijos una carrera y a las hijas una boda. Y ella sacó las mejores notas para conseguir becas y estudiar magisterio y enfermería. Trabajó de enfermera hasta que se casó con mi padre y ahí dejó su vida profesional, para siempre jamás, ¡amén!

No me he olvidado de esa imagen. Era una lectora voraz. Si paraba un momento, la recuerdo con un libro entre las manos.

 Almudena Ariza cuenta en twitter que su madre tuvo que dejar su trabajo de telefonista por “excedencia forzosa por matrimonio. Me parecía increíble y me puse a buscar. El Fuero de Trabajo (1938) dice que “liberará a la mujer casada del taller y de la fábrica” y a partir de ahí surgieron cosas como esta excedencia. En 1961  se mejoró la situación del trabajo de la mujer en una ley que dice: “cuando se exija la autorización marital para el ejercicio de los derechos reconocidos en la presente, deberá constar en forma expresa, y, si fuere denegada, la oposición o negativa del marido no será eficaz cuando se declare judicialmente que ha sido hecha de mala fe o con abuso de derecho. Me gustaría saber en qué casos se consideraría que denegar el marido a la mujer el permiso de trabajar fuera de casa, se hacía de mala fe o con abuso de derecho. En 1979 la democracia deroga esas leyes, pero la madre de Almudena, junto al resto de mujeres en su situación, no consiguen volver a un trabajo ganado por oposición hasta después de años de movilizaciones, pues la empresa les pagó una “dote al echarlas que se considera una indemnización.

¿Cuántas otras maravillosas mujeres radiactivas no llegaron jamás a poder irradiar?

También he conocido más a la generación del 26, las llamadas sinsombrero, que crean ese año el Lyceum Club Femenino y tienen una fuerza arrolladora aunque las hayamos tenido que rescatar porque casi desaparecieron de la historia. En el acto que da nombre a la generación del 27 solo participaron hombres, y así perdimos de vista a la mitad femenina. Dice Laura Freixas,  que es quién propone el nombre de la generación del 26: “¿Por qué no definir a esa generación tomando como referencia a las mujeres? Aunque solo sea para variar. Y porque lo que ellos hicieron (tener una vida pública y profesional, ser escritores o pintores, tener libertad sexual) lo hicieron también ellas, con la diferencia de que en el caso de ellas era infinitamente más valiente e innovador.” Es obligado darles nombre: Clara Campoamor, Maruja Mallo, Carmen Baroja, Rosa Chacel, María Lejárraga, Elena Fortún, María Teresa León, María Zambrano, Victoria Kent…

Cuando mi madre enfermó le atendieron muchas médicos y enfermeras, todas mujeres. Ella regalaba a cada una el libro de Rosa Montero “La ridícula idea de no volver a verte”, donde se cuenta la historia de Marie Curie que a mi madre le fascinaba.

Cuando mi madre enfermó le atendieron muchas médicos y enfermeras, todas mujeres. Ella regalaba a cada una el libro de Rosa Montero “La ridícula idea de no volver a verte”. En él se cuenta la historia de Marie Curie, que fascinaba a mi madre por su valor personal y profesional. Para ella regalar ese libro era poner a la mujer en valor, a todas y cada una. Se pregunta Rosa Montero: “¿Cuántas otras maravillosas mujeres radiactivas no llegaron jamás a poder irradiar?.

 

He encontrado este texto de Maria Teresa León de “Memoria de la melancolía”, que nos recuerda que no cargamos solo con lo nuestro: “Nos traemos adentro una carga inquietante de gustos y de gestos ajenos que se nos van quedando enganchados. Y es que pasamos, pasamos constantemente sin detenernos entre cosas y gentes que nos cruzan y tampoco se detienen porque van de camino y seguimos andando y apenas nos dejan la manera de sonreír, la frase hecha, la superstición, la manía, el gesto de la mano… A veces así recogemos cosas tontas, basuras, cristales, agua o maravillas. Somos el producto de lo que los otros han irradiado de sí o perdido, pero creemos que somos nosotros. […] Somos lo que nos han hecho, lentamente, al correr tantos años. Cuando estamos definitivamente seguros de ser nosotros, nos morimos. ¡Qué lección de humildad!”

 

Cargamos con muchas cosas y por eso creo que no es tan rápido ni tan sencillo que cambiemos las mujeres, pues el peso trasmitido de generación en generación lo cargamos en la piel y no se quita con leyes. Pero seguimos irradiando algo que puede pasar desapercibido, que yo veo en las mujeres de mi familia, en mis amigas y en mis grupos de mujeres. Seguimos irradiando algo muy especial.

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 comentarios en “Cristales, agua o maravillas”

  1. Qué preciosidad de texto, Mercedes, que denota una sensibilidad exquisita. Tú sí que irradias maravillas, cristales, arcoíris… Muchas gracias. 😍

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  2. Gracias Isa. Intento recoger tanto bueno que me llega y no quedármelo, será eso…
    😉 Un beso.

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