En el capítulo anterior, a propósito de pilotos furiosos:

The Fast and the Furious I, II, III, etc: de las avenidas y colinas de San Andreas al objetivo de la cámara digital. No las he prestado demasiada atención, aunque entiendo el entusiasmo de los seguidores; el motor debe continuar rugiendo.

Y más, muchas más.

Entradilla, títulos de crédito, sintonía. Dentro.

No. A pesar de la sintonía, de la entradilla, de la división en capítulos, la televisión no es el objeto de este larguísimo post (seguro que ya existe Samantha Post o Pos o Pox como nombre de bloguera/o, qué pena). ¿No estáis hartos de los que aseveran que las series son mejores que las películas, de quienes afirman tan a la ligera que son el verdadero cine? Yo, sí, hasta los pistones.

Sin embargo, he de mencionar un cómic de la época anterior a la novela gráfica ─pomposa etiqueta, destinada a marcar diferencias que no existen a fin de que unos cuantos estirados dejen de sentirse culpables por leer tebeos─: Hard Boiled (Frank Miller y Geof Darrow, 1990-1992), el buscando a Wally del salvajismo automovilístico; necesario el casco para enfrentarse a sus viñetas en color a doble página.

Una reflexión: Patriarcado y coches. ‹‹Es un viaje largo, déjame conducir a mí››. ‹‹Tía tenías que ser››. ‹‹No ves que el semáforo está en verde, pedorra››. O la más condescendiente: ‹‹Ellas cometen menos infracciones››, un ejemplo de la perversidad implícita en tantos mantras de la corrección, pues, en nombre de estudios y estadísticas que no resistirían un análisis superficial, da por sentada la debilidad del colectivo al que se pretende defender.

La testosterona obliga a los hombres a medirse las pollas, no es un secreto. ‹‹Mira al subnormal del Audi, ¿qué se habrá creído? Le voy a hacer un adelantamiento que se va a cagar››. ‹‹A ese blaso le dieron el carné en una tómbola››; y otro añade: ‹‹Fue el premio de consolación por no haberle acertado al palillo de la muñeca Chochona››. ‹‹El muy cabronazo acelera cuando pongo el intermitente››. ‹‹Le he metido tal pasada que le he dejado pintura en el lateral, por la fricción, ya me entiendes››. Etc.

¿Cómo suprimir la infantil competencia masculina? Una solución sería el exterminio del cincuenta por ciento de la población del globo terráqueo. Otra, la castración. Yo prefiero el sometimiento sin condiciones. No es tan difícil si te paras a pensarlo. Solo hay que aceptar algo tan obvio como que ellas se emocionan mejor, piensan mejor, planifican mejor, cambian de marcha mejor y, además, tienden a considerar los intermitentes algo más que meros elementos decorativos. Vaya, si me descuido, me meto de patitas en el charco de la corrección.

Pido perdón por las imprecisiones cronológicas, por los fallos en los títulos (puede que alguno hasta me lo haya inventado), por las listas interminables, por el gazpacho de géneros, por las omisiones, por la incoherencia a flor de carrocería. Más que estudioso, me considero creyente, y los feligreses nos alimentamos de recuerdos, y los recuerdos son recreaciones, y las recreaciones son verdades a medias, y las verdades a medias son como embragues cascados, y cambiar un embrague cascado cuesta una fortuna que no estoy dispuesto a gastarme; aparte, el olor a cable quemado me abre el apetito.

Agradecería que me enviarais nombres de películas motorizadas que os hayan dejado pintura en el lateral de la memoria. Nunca es tarde para escuchar el rugido de un V-8 a estrenar. Ángel S. Salazar me sugirió varios de los títulos que aparecen, Hard Boiled entre ellos. Y es que algunas locuras derrapan de generación en generación. La fricción, ya me entendéis.

Nota: De recuerdo, os dejo una foto de un álbum de recortes que encontré por casa. Coches agujero negro, coche revólver, coche mira telescópica, coche acordeón, coche globo, coche jeroglífico, coche anillo de compromiso, coches doblados, retorcidos, derretidos, etc, coche asintótico.

Siempre suspendía dibujo.

Fin.

César Sánchez

Autor de “De Vicio”