Microrrelato ganador de “El concurso para boicotear San Valentín”

Estoy sensible. Aún tengo reciente mi última mala cita. Lo peor es que duró cinco años y medio y encima se terminó a una hora estúpida. En mitad de la mañana y por whatsapp. Tenía que habérmelo imaginado: lo nuestro siempre ocurría en restaurantes, vacaciones, salidas de copas y cosas así. Era meternos en una casa y pelearnos. Ah, qué bonitas las reconciliaciones que permitían la siguiente cita. “¿Vamos al cine?”,  “¿te apetece ir a un mercadillo?”,  “¿me recoges y nos vamos a bailar?”…  Fue una cita eterna. Ahora llevo unos días dudando. Me estoy preparando para mi siguiente última cita y me he propuesto que esta vez sea una cita estándar. He escogido a un chico gallego que me pone un poco. Lo tengo bastante ensayado. La cita tiene que durar lo justo para declararnos amor eterno, intercambiarnos unos anillos, señalar la fecha de la boda y quedar para firmar la hipoteca. Creo que esta vez me va a salir bien y si no, que le vayan dando a San Valentin para siempre.

Almudena Ballester