A todos nos ha ocurrido en nuestros inicios que queremos contar cosas importantes en la vida de las personas, y la única forma en la que se nos ocurre contarlas, para que no pierdan esa esencia trascedente, esa importancia, es a través de conceptos e ideas que las saquen a la luz de la forma más directa posible. Sé que es un chasco, entonces, que alguien te venga a decir que de esa forma el lector no se cree nada y se queda tan frío como estaba antes de leer. Y si, por el contrario, tratas de ser concreto, te dicen lo contrario, que en tu texto hay muchas acciones pero no apuntan a ningún sitio ni trascienden nada.

Este equilibrio (entre forma y fondo, entre acción y trama) es el que nos tiramos toda la vida buscando los escritores. No es fácil de alcanzar, y al principio ni siquiera es fácil de comprender, porque va un poco en contra de la lógica que aplicamos en nuestra vida cotidiana. Pero también os puedo decir que merece la pena, porque el recorrido (aunque a veces uno no se dé cuenta, por su excesiva exigencia) es siempre hacia mejor, hacia echar abajo prejuicios y falsas ideas sobre lo literario y lograr una mayor intimidad con nosotros mismos y nuestras temáticas.

También conviene, para esto, ser humilde en los comienzos y no ir hacia los «grandes temas» (cuya grandeza nos puede arrastrar en su torrente), contar historias pequeñas que transcurran en poco espacio de tiempo. Ahora bien: esas historias hay que contarlas en detalle. Un relato breve suele tratar de mostrar un momento relevante en la vida de una persona en el que, a través de unas acciones mostradas en detalle, y sin necesidad de demasiados antecedentes, podamos profundizar en el sentido de forma vertical, y no horizontal.

Luego, en la etapa de revisión, hay que comprobar no solo que el texto sea concreto, sino que apunte a un tema y que le sea fiel de principio a fin. Al principio resultará algo frustrante, porque las acciones se nos irán por las ramas y no seremos capaces de saber nosotros mismos de qué estamos hablando. Pero poco a poco, uno irá asimilando sus puntos débiles y construirá historias cada vez más complejas y significativas sin caer en la abstracción.

Isabel Cañelles

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