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Una se bañará en un mar calipso este verano

DESESCALATORS

Autora: Maria José Beltrán

Y lo hace. Hace un bonsái.

 

Bonsái, ALEJANDRO ZAMBRA

 

Los árboles en macetas pertenecerían a una lista de oxímoron, de no ser por los bonsáis. Una tiene ideas encontradas respecto a los bonsáis. Por un lado, Una podría admirar un árbol -de lianas de savia curtida-, creativo y fuerte en su tiesto, con origen –hace 2 000 años- en montañas remotas del sur de China; que superó el síndrome respiratorio del confinado. Y le agrada el hecho de que no sea una planta genéticamente empequeñecida. Aunque Una tiene de verdad problemas con la parte de las podas, de los alambres directores, los pinzamientos. Que un bonsái sea una criatura tremendamente tocada e intervenida. El bonsái no tiene nada de ser vivo libre. Una recuerda -de manera vaga- la colección triste de bonsáis del Jardín Botánico de Brooklyn. Bon significa bandeja, sai, cultivar. Un bonsái también puede ser un símbolo y, como símbolo, Una se sitúa en otro lugar. El del cuidado y la obsesión. De existir para ella, solo dos opciones de vida: ser bonsái hembra o empequeñecerse genéticamente -y que nadie la manipulara después ya nunca más-, escogería la última.

Cuidar un bonsái es como escribir. Escribir es como cuidar un bonsái.

Hay un libro de Alejandro Zambra que se titula Bonsái. Para Una, las cejas de Emilia –uno de los personajes- representan la drogadicción y el bonsái, la creación literaria. Cuidar un bonsái es como escribir. Escribir es como cuidar un bonsái. Se trata de una novela de contrastes, de voces, sobre todo de voces (hay una dubitativa y algo directora: con muchos oes, dice una cosa y la cuestiona a continuación; le cuenta al lector qué es lo importante; qué no lo es); también es una novela de metaliteratura, omniscencia, y virus en plural.

Los angloparlantes dicen viruses, pero nosotros los hispanos no. “Coronaviruses are a large family of viruses. SARS-CoV-2 is one of the 12 deadliest viruses on Earth”. Escalator es escalera mecánica en inglés. A Una se le ocurre que este tipo de escalera, en realidad podría tener dos nombres o fases, según se ascienda por ella o se descienda. Por ejemplo, Una usaría las escalators para subir, y para bajar, las desescalators. A Una le gusta inventarse palabras.

Una deja de escribir para conectarse con D. desde Madrid Sur, desde su casa en Murciélagos, 6. Lo vuelve a encontrar casi como antes, cuando ella se echaba en el diván de la consulta. ¿Cómo estás? Él le contesta que está como una roca o que vuelve a ser una roca; o algo así le ha parecido oír a Una a través de los auriculares. Se había sentido un poco asustada la última vez que hablaron. Porque para Una, D. siempre representó la solidez, una solidez casi mineral y, de repente, descubre que es humana, esa solidez.

La vasija de un bonsái también puede ser una roca.

Una no cree que el tema de la novela Bonsái sea la historia de amor entre Julio y Emilia, sino la pasión/obsesión de Julio por la literatura. La relación entre ellos comienza con una mentira literaria conjunta –ambos afirman haber leído a Proust- y se deteriora cuando empiezan –de verdad- a leerlo, antes de hacer el amor. Siempre leen juntos antes de hacer el amor.

Una afirma que María no es importante. Pero sí lo es esto que Julio le dice.

A María: Es la mayor prueba para un escritor. En “Bonsái” prácticamente no pasa nada, el argumento da para un cuento de dos páginas, un cuento quizás no muy bueno.

Un virus selectivo que se mete en el cerebro de los personajes, como confundiéndolos con países

El narrador de esta novela es un omnisciente que se sitúa en América del Sur y viaja de vez en cuando a Europa; un virus selectivo –en algunos casos letal- que se mete en el cerebro de los personajes, como confundiéndolos con países, se dice Una. Se ensaña con algunos de ellos más que con otros; puede que pase de largo en ocasiones; pero hay a quién lo exprime; y entonces se convierte casi en primera persona. Emilia ya sabemos que va a morir: desde la primera frase nos lo dice ese narrador. Un poco más adelante, pronto, nos informa de que la muerte de Emilia será trágica, pues ella cree y proclama: […] que la vida solo tenía sentido si encontrabas a alguien que te la cambiara, que destruyera tu vida. El escritor consagrado Gazmuri, por edad, pertenece a un grupo de riesgo, pero el virus no le afecta: la analítica le ha salido bien, y su último libro, Sobras, será aplaudido. El omnisciente hace su trabajo para que un egocéntrico y recargado Gazmuri no caiga bien, pero le perdona la vida. En cambio, a Julio el virus lo enferma, se le mete en su austera sangre. Julio no se curará. Lo literario no tiene antídoto.

Hoy D. ha vuelto a ser casi tan D. como antes. En algún lugar de Madrid ciudad, no en la Providencia chilena del Santiago de Bonsái; no en la Avenida Matta ni en Bellavista o Estación Central. Una desconoce el porqué del casi. En la lectura de Bonsái, Una descubre que calipso era un color: “con ese vestido calipso te ves preciosa”, dice Andrés. Calipso. Color calipso. Bonsái. No decimos árbol bonsái. El mes de agosto, Una lo pasará en la playa. No importa en qué playa. Y se bañará en un mar calipso. Los ojos de D. son azules, pero no calipso, aunque podrían estar en esa gama, depende, porque el color de los ojos cambia según se refleja en ellos la luz. Por ejemplo, los ojos de Una no son en absoluto verdes, pero a veces –solo a veces; no importa cuando- lo son un poco.

Una no tiene clara cuál es la fase en que los motores de las escalators y desescalators del territorio se pondrán en marcha -y ella podrá al fin subirlas y bajarlas y practicar in situ con algún turista anglosajón contraaislado-, de haberse anunciado ya dicha fase, aunque le suena que sí, que es la ante penúltima, que es la avanzada plus que también es la seis.

 

 

 

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