Lo que no está | Jesús Barrio

12 Prólogo - Estos doce Dice así: La Nellie , una pequeña yola de crucero, se inclinó hacia su ancla, sin el menor aleteo de las velas, y quedó inmóvil. La marea había subido, el viento estaba casi en calma y, puesto que se di- rigía río abajo, lo único que la embarcación podía hacer era esperar a que bajara la marea. 1 Inmóvil. A la espera. Una tregua entre dos fuerzas. Así la literatura que abunda en estas páginas, que entre ellas emboscada aguarda para cazarse su presa: el asombro del lector. Porque Lo que no está es un libro expectante, que trabaja sobre la inminencia antes que sobre el recuerdo, y que hace de esa pau- sa, de ese límite entre fronteras, su lugar natal. Buena parte de esa sensación de expectativa y de inminencia viene procurada por el más potente elemento de fijación: la muerte. Y es que se muere mucho en Lo que no está , hay muchas muertes tru- fando sus escenarios, la muerte se decanta en es- tos textos como el trance no solo conclusivo, lo que sería una obviedad, sino como el más iluminador, algo que remonta la simple tautología de un final. Suicidas, enfermos, instrumentos de la fatalidad. Hombres y mujeres que han agotado sus recursos, a los que la salud ha fallado, conducidos por un acaso escrupulosamente eficaz hacia un punto sin retorno. La muerte es aquí ritual repetido («Bajo la tierra seca»), mutis previsto («Mais uma noite»), compleja justicia poética («Tabla de mareas» y «Tan frágil como el hielo»), pirueta de Doppelgänger («El 1 Reproduzco, entre otras muchas disponibles, la traducción de Araceli García Ríos e Isabel Sánchez Araujo en Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas , Alianza Editorial, Madrid, 1984, 5.ª edición.

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